La cola avanza, la puerta sigue tranquila.
Un gesto para marcar una llegada, dos pasos para un walk-in. El portero no aparta la vista de la cola, la sala lo ve todo en directo — desde el móvil que ya lleva en el bolsillo.
- 4 s
- para marcar una llegada — un gesto, una mano
- 2 pasos
- para un walk-in — y una ficha de cliente creada de paso
- 218
- personas marcadas un sábado por la noche, tres móviles
Cómo funciona
Una puerta que lo ve todo.
Deslizas y ya está.
A la derecha: llegó, con la hora real grabada. A la izquierda: rechazado, con confirmación. Un toque abre la ficha.
Dos pasos, una ficha.
El cliente escribe su teléfono y su nombre, el staff asigna mesa y botellas. La ficha ya existe — nada que teclear el lunes.
La sala lo sabe, en directo.
Aforo por sala, botellas controladas en la puerta, no-show automático al cierre de la noche. El manager mira un número, no la cola.
Sin conexión y multipuesto
Se cae la red. La puerta no.
- Modo sin conexión: la cola se sigue marcando y todo se sincroniza al volver la red
- Multipuesto: tres móviles sobre la misma lista, cero duplicados, cero conflictos
- Pensado para la noche: zonas de toque amplias, mucho contraste, se usa con una mano bajo la lluvia
- Cada check-in con hora y registro — la hora real de llegada no la adivina nadie
El check-in está incluido en todos los planes.
Con las reservas, el CRM y las estadísticas — desde 299 €/mes, prueba de 14 días sin tarjeta.
Pruébalo en la puerta,
este sábado.
Basta con un móvil. Tu portero lo domina en diez minutos — y la hora de llegada de cada cliente empieza a contar.
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